Marco Ulpio Trajano gobernó el Imperio romano entre los años 98 y 117. Procedía de una familia senatorial vinculada a Itálica, en la provincia Bética, y fue el primer emperador originario de una provincia. Bajo su mando Roma conquistó Dacia, incorporó el reino nabateo y lanzó una gran campaña contra Partia. El Imperio alcanzó entonces su máxima extensión territorial, aunque algunas conquistas resultaron difíciles de conservar. Su prestigio se apoyó también en la administración, las obras públicas y una relación cuidadosamente cultivada con el Senado.
El origen hispano de Trajano
Trajano nació en el año 53. Las fuentes y la tradición arqueológica lo relacionan con Itálica, junto a la actual Santiponce, aunque su familia era de ascendencia itálica asentada en la Bética. No fue un emperador «español» en sentido moderno: era un aristócrata romano nacido en Hispania, plenamente integrado en las redes del Imperio.
Su padre alcanzó el consulado y gobernó provincias importantes. Esa posición facilitó la carrera del joven Trajano, pero su ascenso dependió también del servicio militar. Mandó legiones, fue pretor y cónsul, y ganó el respeto de las tropas de la frontera germana.
De general a emperador de Roma
Tras el asesinato de Domiciano en 96, el anciano Nerva fue proclamado emperador. Una crisis con la guardia pretoriana mostró la fragilidad de su autoridad. Nerva adoptó a Trajano en 97 y lo convirtió en heredero, una decisión que aportaba prestigio militar y apoyo de las legiones.
Cuando Nerva murió en enero de 98, Trajano no corrió a Roma. Permaneció un tiempo inspeccionando las fronteras del Rin y el Danubio. Esa elección proyectaba la imagen de un gobernante responsable y seguro. Su entrada posterior en la capital se presentó como la de un princeps cercano a ciudadanos y senadores.
Las guerras dacias
Dacia, al norte del Danubio, estaba gobernada por Decébalo. Domiciano había combatido allí sin lograr una solución estable. Trajano emprendió dos guerras, en 101-102 y 105-106. El ejército cruzó el Danubio, penetró en un territorio montañoso y finalmente tomó Sarmizegetusa, la capital dacia.
La anexión proporcionó recursos minerales —especialmente oro—, tierras y una nueva provincia estratégica. También exigió ocupación militar, colonización y grandes obras. La Columna de Trajano en Roma narra visualmente las campañas, pero debe leerse como un monumento de propaganda imperial, no como un reportaje neutral.
Arabia y la campaña contra Partia
En 106, Roma incorporó el reino nabateo y creó la provincia de Arabia Pétrea. La anexión protegía rutas comerciales y conectaba Siria con Egipto por tierra. Años después, Trajano dirigió una ambiciosa guerra contra el Imperio parto.
Las legiones ocuparon Armenia y Mesopotamia, llegaron a Ctesifonte y alcanzaron el golfo Pérsico. Fue el momento de máxima expansión territorial romana. Sin embargo, las rebeliones, la distancia y los problemas de abastecimiento mostraron la fragilidad de esas conquistas. Adriano, sucesor de Trajano, abandonó buena parte de ellas para estabilizar las fronteras.
Gobierno, asistencia social y provincias
La imagen tradicional de Trajano como gobernante justo procede de autores senatoriales favorables, en especial Plinio el Joven. El emperador mantuvo una cooperación eficaz con el Senado, intervino en la administración provincial y trató de controlar abusos financieros.
Los alimenta, programas de crédito y ayuda vinculados al mantenimiento de niños en Italia, se asociaron con su reinado aunque tenían precedentes. En la correspondencia entre Plinio y Trajano puede observarse una administración pragmática: el gobernador consultaba problemas locales y el emperador respondía caso por caso.
Las grandes obras de Trajano
El programa monumental transformó Roma. El Foro de Trajano, diseñado por Apolodoro de Damasco, incluía basílica, plazas, bibliotecas y la célebre columna. Los llamados Mercados de Trajano formaban un complejo de espacios administrativos y comerciales adaptado a la ladera del Quirinal.
También impulsó caminos, puertos y puentes. El puerto hexagonal de Ostia mejoró el abastecimiento de la capital. En Hispania, el puente de Alcántara fue construido bajo su gobierno y conserva una de las inscripciones más famosas de la ingeniería romana. Estas obras unían propaganda, utilidad y control del territorio.
Trajano y el cristianismo
Una carta de Plinio el Joven desde Bitinia preguntó cómo tratar a los cristianos. Trajano respondió que no debían ser buscados activamente ni admitirse denuncias anónimas, pero que quienes fueran acusados y se negaran a rendir culto a los dioses podían ser castigados. No fue una política de tolerancia moderna: muestra una persecución reactiva y la prioridad romana de mantener el orden y el culto público.
Muerte y sucesión de Adriano
Trajano enfermó durante el regreso de Oriente y murió en Selinunte, Cilicia, en agosto de 117. La adopción de Adriano fue anunciada poco antes o inmediatamente después de su muerte. Las circunstancias despertaron rumores antiguos sobre el papel de la emperatriz Plotina, pero Adriano fue aceptado por el ejército y el Senado.
Sus cenizas se depositaron en la base de la columna, un honor excepcional dentro de Roma. La memoria senatorial lo convirtió en modelo: durante siglos se deseó a los nuevos emperadores que fueran «más afortunados que Augusto y mejores que Trajano».
El legado del emperador hispano
Trajano llevó la expansión militar romana a su punto máximo, pero su importancia no se limita al mapa. Representó el éxito de las élites provinciales dentro de un Imperio profundamente integrado, resultado del proceso explicado en Hispania romana.
Su reinado combinó conquista, monumentalidad y buena relación con las instituciones tradicionales. La posteridad idealizó ese equilibrio. Una lectura crítica permite admirar su capacidad de gobierno sin olvidar que la expansión se sostuvo sobre guerra, tributación y esclavitud.




